Diversidad e Inclusión

por Mary Twomey

Hace unos meses me pidieron que diera una charla sobre el abuso a los ancianos en una conferencia regional. Estábamos en medio del apogeo de las manifestaciones de Ferguson, MO y por esa razón estaba yo pensando mucho sobre el racismo. Mientras preparaba la charla mi mente se dirigió hacia otro de los “ismos”, el sexismo; y el “ageism” o “ancianismo”, palabras que no existen en los respectivos idiomas pero que se resumen como la discriminación contra las personas a causa de su edad. Cuando me puse a revisar los resultados de investigaciones referentes al abuso contra las personas de la tercera edad y su relación con la raza y el género de la persona, me puso triste ver que las tasas de maltrato son más altas hacia las minorías raciales y las mujeres.


Admito abiertamente que estoy lejos de ser culturalmente competente. Estoy esforzándome por adoptar una posición de humildad cultural y, sin embargo, tratando alcanzar ese fin, encuentro que es clave ser curiosa. Creo que es importante reconocer que nuestro país de nacimiento, nuestra raza, género, nuestras habilidades, nuestra edad, nuestra orientación sexual y otros factores, todos influencian cómo percibimos a las personas de la tercera edad y como las personas de la tercera edad perciben ellas mismas el abuso y cómo buscan ayuda (o no lo hacen) cuando son víctimas. Pero, y es aquí donde entra a jugar la curiosidad, ¿cómo afectan estas nuestras opiniones y las opiniones de nuestros clientes/as?

Hace ya muchos años recibí una llamada en mi trabajo de una señora china anciana. Me dijo que estaba siendo abusada. Yo, por supuesto, me preocupé y le hice preguntas sobre la situación. Me reveló que quien estaba cuidando de ella era su segundo hijo porque su primer hijo se negaba a cuidarla. Esto, para ella, constituía un abuso contra una persona de la tercera edad. Fuera de eso ella estaba recibiendo el cuidado que necesitaba, sólo que no lo estaba recibiendo de la persona que ella quería recibirlo. Dudo haberle sido de mucha ayuda a la señora que llamó aquel día. Para mi, lo que ella estaba describiendo no encajaba con mi imagen de lo que constituye abuso. Hoy, mientras escribo esto, puedo sentir su tristeza y su vergüenza; ojalá hubiera yo escogido serle de más ayuda. Esta historia está validada por investigaciones conducidas por Dr. Aileen Moon en la Universidad de California. Dr. Moon le preguntó a personas ancianas de origen asiático qué tipo de maltrato duele más y estas respondieron rotundamente que el abuso emocional es el más dañino de todos los tipos de abuso. En California, citando sólo la ley de uno de los estados, no es mandatorio reportar cuando hay abuso emocional.

Los adultos de edad más avanzada de algunas comunidades usan sus recursos financieros para apoyar muchas generaciones de familiares que no contribuyen con el mantenimiento del hogar. A muchas personas les parece y sienten que esto constituye una explotación financiera y en algunos casos lo es. Sin embargo, en otros casos, muchas personas de la tercera edad de ciertas minorías no pensarían de igual manera. Aún cuando muchos grupos de la tercera edad de diferentes razas concuerdan en sus percepciones en lo que se refiere a ciertos escenarios específicos, otros, sin embargo, discrepan. Un estudio que investigó diferentes percepciones de abuso encontró que era substancialmente menos probable que las mujeres coreano-americanas de la tercera edad percibieran una situación determinada como abusiva, en comparación con las mujeres blancas o afro-americanas.

Todos sabemos que por cada caso de abuso que se reporta al Servicio de Protección de Adultos (APS, por sus siglas en inglés) hay 23 casos que no son reportados. Algunas personas víctimas de abuso prefieren no reportar su caso porque exponer el abuso les representa un riesgo demasiado grande. He aquí un ejemplo: El año pasado dos amigas lesbianas estaban visitando al padre de una de ellas en un centro de residencia de atención personalizada para personas de la tercera edad. Siguiendo la sugerencia de él, fueron a visitar a una de las nuevas residentes quien él temía se sentía sola. Cuando llegaron donde ella para darle la bienvenida, la señora, de edad avanzada, estalló en lágrimas. Hasta ese momento ella no había sabido que no había peligro en revelarle a una de las personas que trabajaban en el centro que ella, también, era lesbiana. Si ella no se sentía segura revelando quien era ella realmente, ¿cómo iba a poder haber revelado jamás que era víctima de maltrato?

Marguerite DeLiema, colaboradora de la Universidad del Sur de California (USC, por sus siglas en inglés) encontró que cuando los promotores/as (personas de la comunidad que son entrenadas como trabajadores/as de salud) de habla hispana fueron puerta por puerta en Los Ángeles preguntando a latinos de la tercera edad si estaban siendo maltratados, la gente se abrió, revelando el abuso en cantidades mucho mayores que otros estudios conducidos por investigadores/as que no eran miembros de la comunidad. Cuando las personas han tenido experiencias negativas con “las autoridades” (ej. la policía u otros representantes del estado), pueden ser más reacias a admitir que alguien les está haciendo daño. Este puede ser particularmente el caso para personas inmigrantes de la tercera edad que están indocumentadas, gays o lesbianas que recuerdan las redadas de la policía en bares y afro americanos que recuerdan incidentes pasados o recientes de violencia racial.

Quienes trabajamos por la justicia para las personas de la tercera edad, nos enfrentamos a la difícil tarea de tener que pedirle a personas que ya se sienten vulnerables que nos hablen de sus secretos. ¿Cómo podemos lograr que las personas se sientan seguras de que puede solicitar nuestra ayuda cuando lo necesitan? No siempre es posible enviar a una personas que sea cultural y lingüísticamente la adecuada para trabajar con una persona que es víctima de abuso. ¿Qué podemos hacer el resto de nosotros?

¡Aprenda! Deje que su curiosidad le guíe a aprender sobre las experiencias de personas que son diferentes de usted. El Centro Nacional contra el Abuso a las Personas de la Tercera Edad tiene hojas informativas sobre el abuso contra personas de la tercera edad en diferentes comunidades.

¡Escuche! Deje que su curiosidad le preste una atención profunda a las historias que están siendo compartidas.

¡Sea humilde! Cada uno de nosotros tiene muchas cosas que enseñar y muchas cosas que aprender. La humildad sienta las bases para el intercambio mutuo de estos talentos.

¡Recuerde! Ram Dass fue la persona que escribió, “Al fin y al cabo, lo que todos estamos haciendo es acompañarnos en el camino a casa.”  #oldlivesmatter

Sobre la Autora: Mary Twomey es gerente de proyecto para la Iniciativa Envegeciendo, del Centro de Educación de Trabajo Social de UC Berkeley. En tiempos más recientes Ms. Twomey ha trabajado como co-directora del Centro Nacional contra el Abuso a las Personas de la Tercera Edad, el cual es un centro de recursos sobre las mejores prácticas que están siendo aplicadas en el campo, investigaciones, capacitación, políticas y concienciación pública para asuntos relacionados con el abuso, la desatención y la explotación de las personas de la tercera edad; el cual es financiado por la Administración Federal para Comunidades. También co-dirigió el Centro de Excelencia sobre el Abuso y Descuido de las Personas de la Tercera Edad, el cual es parte de la Universidad de California, División de Medicina Geriátrica y Gerontología del Colegio Irvine de Medicina; el cual provee servicios médicos, forenses y de ayuda a las víctimas, para personas de la tercera edad que son abusadas y desatendidas que viven en la comunidad o en centros donde reciben cuidado por tiempo prolongado.

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